Salud mental: tres casos abiertos a la sociedad

Cuando a Joan Prunés le dijeron que ya no podría trabajar más, lo primero que pensó fue que cómo no iba a trabajar, que eso era extraño «porque siempre te dicen que si no trabajas eres raro». Joan se sentía, hasta hace poco, un ‘bicho raro’. Lo cuenta durante la entrevista en un bar de Palma, unos días antes de que se decretara el estado de alarma por el coronavirus y empezara el confinamiento. Le acompaña su técnico, la trabajadora social Judith Arnau. Tanto ella como la auxiliar técnico Marta Alcover ayudan a Prunés a recuperar la confianza que perdió en 2015 cuando le diagnosticaron un trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad y depresión.

Le ha costado mucho convivir con su enfermedad. Tiene 46 años y recuerda, como si fuera ayer, cuando montó, junto a sus hermanas, una librería. A él le gustaba trabajar, «pero de pronto me empecé a encontrar mal, nunca tenía hambre. Algo en mí hizo, de golpe, ‘catacrá’». A veces, dice, las palabras no son siempre bonitas ‘ni es oro todo lo que reluce’. Le recomendaron contactar con 3 Salut Mental y, una vez allí, le inscribieron en ‘Visibles’, un programa subvencionado por el IMAS que vincula de nuevo al usuario con la sociedad y en la participación comunitaria. «Yo no me creí nada cuando me dijeron que me ayudarían a recuperar mi autonomía». Hoy sí se lo cree. El programa ha sido su válvula de escape de esa invisibilidad a la que estaba sometido. Ha vuelto a conectar.

Joan Prunés y su técnica de ‘Visibles’, Judith Arnau, durante una de sus sesiones conjuntas, en Palma.

Como tiene la incapacidad permanente absoluta, su principal objetivo, ahora, es conseguir apoyo a la vivienda, un servicio que gestionan las entidades a través de un acuerdo con el Govern. Mientras, recibe atención psicológica de sus técnicos por videollamada.

EL CAMBIO
En la Fundació Es Garrover, ubicada en Inca, Tolo Morro, de 48 años, acudía cada día a sus actividades hasta que llegó la crisis sanitaria. Ahora está confinado en su casa, en Mancor de la Vall. Sin embargo, las entidades mantienen su servicio de forma telemática.

Tolo empezó en ‘Visibles’ en enero de 2019, pero en tan solo dos meses pasó al Servicio Ocupacional, un programa que favorece la integración sociolaboral de las personas mediante actividades y talleres. A él le interesa perder peso y mejorar la memoria. Tiene una discapacidad psíquica del 50 por ciento y la incapacidad permanente absoluta. Sus cinco técnicos ven en él un ejemplo a seguir. Antes del confinamiento, Tolo acudía a la Fundació de 10.30 a 14.00 horas. Realizaba expresión corporal, veía películas en el cinefórum y dibujaba. «Mis películas favoritas son las que te hacen reír», señala. Laura Rosselló es una de sus técnicos. Cada 15 días le va haciendo un seguimiento.

La muerte de su padre fue un cóctel molotov. «Se me metió esta desgracia en la cabeza y no salí de ahí». Ese episodio sucedió mientras trabajaba en una funeraria. Allí pasó diez años. Ahora su vida es más positiva. Se dedica a leer libros de teología y a tocar el órgano. «Estar aquí me ha abierto el corazón. Me ha cambiado la vida», asegura.

La vida de María Merino también ha dado un giro inesperado desde que decidió salir de la invisibilidad en la que permanecía durante diez años. Ella reside en Llucmajor y desde hace unos meses acude a la asociación Gira-Sol para formarse en atención al cliente. Lo hace a través del SOIB. Allí persigue su objetivo, el de buscar trabajo, y espera incorporase pronto al mercado laboral. Asegura que «he recuperado la ilusión».

Antes del confinamiento, María Merino acudía a la asociación Gira-Sol para formarse. Junto a ella, Magdalena Moyá, su técnica de inserción laboral.

María convive con un trastorno límite de la personalidad. Recuerda que cuando iba a la universidad –estudió tres años de Magisterio Infantil en la UIB– no sabía lo que le pasaba. «Mi relación con mis compañeros era mala; siempre acudía muy nerviosa a clase». Tiene un 34 por ciento de discapacidad psíquica. Cuenta que antes de inscribirse en este programa su vida era muy monótona. «Me pasaba el día haciendo las tareas de la casa y la comida», señala. Ella vive con su hermana gemela y su padre. Su técnico Estefanía Hernández fue como un foco de esperanza para salir del pozo y volver a reconectar con la sociedad. «Me ha apoyado en todo momento. Un día me dijo que quien no se mueve, caduca». A partir de ahí todo evolucionó en ella progresivamente. Lo cuenta feliz aunque tenga que coger cada día dos autobuses. Lo cuenta emocionada porque las clases de su profesora Eva, asegura, son muy interesantes. Y lo cuenta animada porque sabe que a partir del 24 de abril le dan el título y su técnico de inserción laboral, Magdalena Moyá, le ayudará a echar los currículos.

Atención telemática
Joan, Tolo y María ahora reciben atención telemática porque las actividades de las entidades están suspendidas. Esto no quita que Joan haya conseguido más autonomía y confianza para vivir solo en muy poco tiempo; que las pesadillas de Tolo hayan desaparecido y tenga ganas de celebrar su tercera torrada en su finca de Mancor de la Vall, cuando esto acabe; o que María se levante todas las mañanas con energía, se sienta útil y esté activa en el día a día. Las entidades que forman 3 Salut Mental atendieron a 800 personas en Mallorca en 2019. Los técnicos trabajan con un colectivo que en la sociedad «está muy castigado». Porque, como opina Judith Arnau, «al final es la propia sociedad responsable de que sufran este estigma».