Regresa el ‘brot de pi’, seña de identidad de un pueblo vitivinícola

Corre un dicho popular en Santa Maria (algunos remontan su origen a los romanos) que dice que «donde hay pino hay buen vino». Con independencia de lo que haya de cierto o de ficción en la frase, la identidad de Santa Maria está fuertemente ligada a su economía vitivinícola que tradicionalmente anuncia con una rama de pino en las puertas de sus cellers que su vino joven sale a la venta.

Hace ya más de una década que Santa Maria convirtió la tradición en fiesta, concretamente en la Festa del Vi Novell y la consecuente Fira del Vi. Este año las restricciones sanitarias impiden la celebración de la fiesta y la feria, tal y como las conocíamos, pero este sábado representantes de los siete cellers que hay en el pueblo engalanaron con ramas de pino la fachada de Ca s’Apotecari y las farolas de la calle Larga.

Es lo que algunos considerarían como el chupinazo de salida de la Festa del Vi Novell.

Los bodegueros explican que el hecho de que este año no haya feria les ha permitido centrarse en la distribución del vino joven anticipándose a las fechas que se manejan otros años, aunque cumpliendo con la tradición, el vino saldrá a la venta el último fin de semana de noviembre.