La Guardia Civil visita las fincas apartadas para ayudar a los vecinos en cuarentena

«Bon dia l’amo, tot bé?». En un mallorquín impecable, el cabo de la guardia civil habla a dos metros de seguridad con un pastor de Inca, que cuida sus ovejas. «Sí, pero me han robado una», les comenta el payés. Es por la mañana y la ronda por las fincas aisladas de la Part Forana acaba de comenzar. Ultima Hora acompaña a los agentes en su lado más humanitario: las patrullas para comprobar que los vecinos están bien durante la tediosa cuarenta.

«La verdad es que aquí no nos podemos quejar, los niños pueden correr y tenemos hasta safareig», cuenta un matrimonio a la patrulla que acaba de llamar a su puerta, en una finca en Sencelles. «En los pisos de Palma deben estar peor», añade ella. Los guardias civiles del cuartel de Inca y Sineu se despliegan por los terrenos alejados y siempre son bien recibidos. No se trata de poner multas por si alguien se ha saltado el confinamiento, que de eso se ocupan otras unidades, sino de asegurarse de que en esas casas y terrenos la vida sigue igual. A pesar del coronavirus.

Los funcionarios prestan especial atención a las casas con ancianos: «Si necesitan cualquier cosa, comida o medicinas, no duden en comunicárnoslo». La patrulla continúa su camino y para los niños, cansados de estar encerrados, su visita es un espectáculo: «¿Habéis detenido a alguien?». Los ancianos también agradecen la ronda y algunos, de forma espontánea, les comentan su rutina en tiempos de la COVID-19.

PALMA.

«Salimos muy poco, solo al supermercado o a la farmacia. La verdad es que estamos preocupados porque a nuestra edad coger esa enfermedad da mucho miedo», reflexiona un octogenario, a través de la verja de su finca. Siguiendo el camino, les recibe una mujer con su hija en brazos. Es más optimista: «Hoy hace un día precioso, parece que estamos en verano». Y ni menciona el tema de moda: el dichoso virus.