Joan Bonet: «Waldren fue polémico y controvertido porque era muy entusiasta»

William Waldren (Nueva York, 1924 – Deià, 2003) era, según el realizador Joan Bonet, «un personaje que reunía todos los puntos para tener un documental propio». Sin embargo, es Bonet el primero en dedicar una película al pintor y arqueólogo, conocido sobre todo por ser uno de los fundadores del grupo artístico Es Deu des Teix y sus importantes hallazagos en la Cova de Muleta (Sóller), donde halló más de 1.500 ejemplares. La cinta se titulará William Waldren. L’empremta de l’alquimista y está producida por La Perifèrica.

¿Por qué eligió este título?

—Waldren era un poco alquimista en todo lo que hacía, tenía una filosofía de vida que aunaba muchas disciplinas. Fue campeón de patinaje sobre hielo, escribía poesía de joven, fabricaba joyas de plata y diseñó el interiorismo de discotecas de Palma tan míticas como la Zhivago, ubicada en El Terreno, o la Sgt. Peppers, en Gomila, donde tocó Jimi Hendrix. Como arqueólogo, destacaron sus trabajos en la Cova de Muleta (Sóller), Son Matge, Son Ferrandell, Son Olesa y Son Mas (Valldemossa).

Bien merecía una película.

—Creo que es un personaje que se lo merece. No sé por qué hasta ahora nadie lo había hecho, supongo que es porque era polémico y controvertido.

¿A qué se refiere?

—Era polémico y controvertido porque era muy entusiasta. Además, era autodidacta y partió de una arqueología y una paleontología amateur, aunque más tarde se doctoró en Oxford. En el contexto arqueológico de aquel momento chocaba porque era extranjero. Eran los años sesenta e hizo un gran descubrimiento en Muleta, lo que le abrió las puertas del mundo científico.

¿Cómo se produjo el descubrimiento de Muleta?

—Fue por su afición a las cuevas, fue algo casual, pero el potencial del descubrimiento era realmente relevante. Allí encontró más de 1.500 ejemplares de Myotragus, que sería el coprotagonista del documental. Cabe destacar que en 1970 se descubrió que se podía datar, además de hacerlo por Carbono 14 como era hasta el momento, mediante lo que se conoce como racemización de aminoácidos. La primera cueva del mundo donde se hizo un estudio a partir de este método fue precisamente en Muleta, donde acudieron John Ostrom, que fue el que demostró que las aves descendían de los dinosaurios, y Jeffrey L. Bada, descubridor del método. A su vez, el estudio fue publicado por la National Geographic Society.

Waldren, con un esqueleto de un Myotragus. Encontró más de 1.500 ejemplares en Muleta.

Por otra parte, además de arqueólogo, era también artista.

—Acabó la Segunda Guerra Mundial como sargento y después, como había estudiado bellas artes, grafismo y diseño industrial, se fue a París a dar clases y a buscarse la vida como pintor abstracto. Durante los veranos se instalaba en la Costa Azul, donde vendía cuadros, y allí oyó hablar de Mallorca, así que vino a pasar los veranos en Deià, desde 1953 y 1959. Formaba parte de una comunidad de artistas y escritores que vinieron atraídos por la aureola de Robert Graves.

¿Waldren también atrajo a otros artistas a la Isla?

—Waldren fue el primero de los bohemios que llegó después de Graves, a él le siguieron los artistas Mati Klarwein, Paul Crotto y George Sheridan. Waldren formó el grupo vanguardista de arte abstracto conocido como Es Deu des Teix. Pero cuando Waldren halló los yacimientos dejó de exponer y también prácticamente de pintar.

¿En qué fase está el filme?

—En la fase de postproducción, de edición, montaje, infografía… Calculo que quedarán unos dos meses para terminarlo. Esperamos tenerlo listo en enero y el estreno dependerá de muchos factores, del coronavirus… Contamos con ayudas de financiación del ICIB, IB3 y Cultura del Consell.

¿Ha afectado el coronavirus?

—No mucho, cuando nos confinamos aproveché para pulir y trabajar más el guion y la documentación, que era muy voluminosa. Queríamos viajar a Bruselas (Bélgica) porque allí viven dos colaboradores de Waldren, pero al final lo hicimos online para no arriesgarnos a coger un avión. En el proceso me ha ayudado sobre todo su viuda, Jacqueline Waldren, que vive todavía aquí.