Estas son las secuelas que puede provocar el confinamiento en los niños

El confinamiento al que obliga el estado de alarma para hacer frente a la pandemia del coronavirus puede crear secuelas en los niños. La coordinadora de Pediatría de Baleares, Marga Cañellas, explica que «desde un punto de vista pediátrico, estamos viendo cómo el confinamiento está afectando a las esferas tanto psicológica, emocional como física de los niños».

Además, advierte que «los niños que viven por debajo del umbral de la pobreza, los que están en riesgo de exclusión social, aquellos que coviven en hogares con violencia o maltrato físico o psicológico serán las poblaciones más vulnerables a las consecuencias negativas del confinamiento».

Cañellas explica que desde el punto de vista físico, el confinamiento reduce el ejercicio físico, «aunque no afectará de forma similiar a todos los niños», así como una relajación de los hábitos dietéticos, ya que hay mayor permisividad para el picoteo y comidas con mayor palatabilidad, lo que podría acarrear problemas de sobrepeso y obesidad en algunos niños».

Además, precisa que «el ejercicio ayuda a la concentración y a la retención de conocimientos, que unido a los nuevos modos de aprendizaje e- learning, a los que nos estamos acostumbrando, podría tener efectos en el aprendizaje de los niños».

El confinamiento también puede dar lugar a problemas de visión, relacionados con el abuso de pantallas y la falta de luz natural. No obstante, sería «un problema transitorio de acomodación, no tiene por qué ser definitivo».

La falta de luz solar también tiene consecuencias negativas para los menores. «La exposición a la luz solar es fundamental para mantener un sueño saludable y es imprescindible para mantener un ritmo regular del ciclo sueño vigilia». Cañellas explica que «tiene una función de sincronización del sistema circadiano, por el cual nuestro cuerpo conoce (sin necesidad de relojes) en qué momento del día nos encontramos».

Por ello, aconseja que «es necesario que tras el despertar intentemos que los niños desayunen con la máxima luz solar posible para que su reloj biológico sepa en qué momento se encuentra. Esta acción ayudará a secretar melatonina, que es una hormona relacionada con la inducción del sueño, al contrario que las pantallas de móviles, ordenadores y otros dispositivos electrónicos que al recibirse durante la noche inhibe la secreción de melatonina».

Desde el punto de vista médico, a la larga la falta de exposición solar natural podría desembocar en problemas de déficit vitamina D. «Es cierto que para que se produzca este problema el confinamiento debería ser muy prolongado en el tiempo y que en este momento, tras seis semanas de confinamiento, no tiene por qué provocarlo».

Para disminuir este riesgo, Cañellas recomienda una buena alimentación, ejercicio físico y una exposición diaria al sol de 10-15 minutos, aunque sea desde una ventana. Añade que las familias deben realizar una dieta rica en vitamina D, como la contenida en aceites de pescado y pescados ( ardina, atún, salmón), los lácteos (leche, queso, yogurt, mantequilla, crema de leche) y en la yema del huevo.

Desde el punto de vista psicológico, la coordinadora de Pediatría de Baleares expone que los niños son proclives a presentar miedos, ansiedad, irritabilidad, frustración y estrés. Además, podrían tener patrones irregulares del sueño.

En relación a si les puede afectar al carácter, señala que «los niños, aún siendo mas resilientes que los adultos, sufren el confinamiento como los adultos y no son indiferentes al impacto dramático de la pandemia». «La falta de ejercicio y la relajación de rutinas puede provocar niños mas irritables, más inseguros, con problemas de sueño tanto en la conciliación como en el mantenimiento del mismo y no son infrecuentes las pesadillas», expone.

Advierte que, aunque no lo manifiesten, «también sufren por su salud, por la de sus seres queridos, por las consecuencias a nivel de economía en la familia, con la perdida de trabajo por parte de alguno de sus integrantes, etc.». «No es difícil que los niños en estas situaciones puedan sufrir ansiedad, ante la incertidumbre de su futuro y el de sus familiares».

También podrá acarrear consecuencias emocionales a largo plazo «la pérdida de seres queridos por la COVID 19, con limitación de visitas a enfermos y acompañamiento en el proceso de la muerte-duelo». Por ello, sostiene que «es por ello muy importante hablar y trabajar diariamente con los niños, usando su lenguaje y poniéndonos a su altura, para facilitar que expresen sus emociones y sus dudas ante esta pandemia, e intentar responder a sus dudas y tranquilizarles en la medida de lo posible».

Cañellas insiste en que «el deporte es un regulador de las emociones, por lo que es muy recomendable instaurar rutinas de ejercicio físico regular para toda la familia; esta práctica tendrá efectos beneficiosos a nivel físico y psicológico, mejorando la relación entre los miembros de la familia».

En su opinión, «el real decreto del 14 de marzo estipuló las normas y recomendaciones del estado de alarma y no mencionaba de forma específica a la población infantil (unos 7 millones de niños menores de 14 años a nivel nacional). Siendo los niños no población esencial, se les dejaba en el limbo y debían permanecer encerrados sin excepción».

«Tras casi seis semanas de confinamiento los niños han sido, con diferencia, la población que mayores restricciones ha sufrido durante el confinamiento. Son cada vez más numerosas las voces que se alzan para alertar de las posibles consecuencias para la salud a nivel físico, psíquico y emocional, si bien es cierto que debemos ser muy cautelosos en todos los nuevos pasos que se den y deben prevalecer los criterios científicos y de salud pública a la hora de proponer las recomendaciones». En este sentido, desde el próximo 26 de abril los niños podrán salir a la calle a dar paseos cortos.

¿Cómo minimizar las secuelas?

Con la finalidad de minimizar las secuelas que puede provocar el coronavirus, la coordinadora de Pediatría de Baleares aconseja a las familias establecer una serie de rutinas. Entre ellas, propone establecer horarios regulares de comidas, ocio, aprendizaje, ejercicio y sueño. Además, sugiere rutinas de higiene diaria, ayudar a las tareas habituales de casa, una exposición solar 10-15 minutos al día y una dieta saludable mediterránea.

Además, propone que «una parte del día debe estar dedicada al aprendizaje, sin abusar de los tiempos de dedicación diarios». También insta a limitar la utilización de pantallas, así como a fomentar su uso para facilitar las conexiones virtuales con amigos y familiares.

Otra de sus sugerencias son fomentar el juego, el ejercicio en familia, favorecer la comunicación entre miembros de la familia, programar actividades y juegos en familia.