Ayú[email protected] propone ahora un café solidario

Durante la mañana de este jueves, doscientas personas se han repartido a lo largo de toda Palma y en pequeños grupos de cinco a diez personas han ido consumiendo en bares, cafeterías y restaurantes.

Se ha tratado de un batallón de voluntarios con chalecos amarillos que tenía como objetivo repartir huchas solidarias para crear un café solidario. Los fondos recaudados irán destinados a comedores sociales, que han visto multiplicada la afluencia de personas que necesitan comer por la crisis sanitaria y económica.

La otra finalidad era apoyar al sector de la hostelería, que está viviendo un año negro y estos dos centenares de personas han ido consumiendo en los diferentes establecimientos.

Se trata de una nueva acción organizada por Ayú[email protected], que ya hace unos días inundó Palma con carteles pidiendo solidaridad con autónomos, personas mayores, parados, familias, gente sin recursos y sin ayudas. Muchos de los voluntarios que han participado en esta acción pertenecen a la Asociación Tardor, que está dando de comer a muchos necesitados.

Los pequeños empresarios han recibido con los brazos abiertos a estos voluntarios que llevaban a cabo pequeñas consumiciones, «es un pequeño grano de arena para ayudar también al hostelero», dicen. En el Café El Zaguán, en la plaza Santa Pagesa, su propietario Patricio Gómez recibe a los voluntarios con los brazos abiertos. «Tenemos que colaborar para que pequeños empresarios y autónomos podemos salir adelante. Es un momento muy complicado. Por desgracia, mucha gente ya ha tirado la toalla», dice.

El empresario reconoce que el adelanto del toque de queda supone un mazazo más: «Es de noche cuando hacemos caja. Se corta de raíz la poca afluencia y este año nuestra caja se ha desplomado un 80 por ciento», dice emocionado Gómez. Este grupo de voluntarios liderados por Eivi, hace entrega de la hucha solidaria y prosigue con su ruta por diferentes establecimientos de la zona de Blanquerna y s’Escorxador.

En los alrededores de la iglesia de Sant Sebastià, la cafetería Petit Comité recibe a otro grupo de voluntarios, que terminan gritando «¡viva la hostelería! ¡Viva el hostelero!» entre aplausos. Las primeras aportaciones al bote del café solidario no tardan en llegar. El grupo de voluntarios paga sus consumiciones y sigue su ruta por los establecimientos de la zona.

En otro punto de la ciudad, otro batallón de voluntarios de Ayú[email protected] se cita en el restaurante La Balanguera. Este mismo jueves era el cumpleaños de Alberto Jareño. Si otros años organizaba una cena en su restaurante con amigos, clientes y proveedores, en esta ocasión ha decidido volcarse de lleno a la solidaridad.

Hasta ochenta usuarios de comedores sociales, divididos en dos turnos tenían como menú una sopa de pilotes y porcella al horno. Ahora, con el adelanto del cierre, solo podrá cenar la mitad de los invitados y la otra mitad recibirá sus raciones para comer en su casa.

Entre los voluntarios se dice que esta iniciativa está organizada por un empresario alemán anónimo cuyo nombre es Klaus. Alberto Jareño deja caer que este movimiento ciudadano surgió «cuando cuatro amigos se juntaron en un bar, que luego se convirtieron en veinte y después, en 200. ¿Que detrás hay un alemán? Puede ser».

El empresario vive una jornada difícil, en la que ha tenido que anular todas las cenas previstas para estas fiestas. «Solo un 10 por ciento de las reservas se mantienen porque adelantan la cena a las siete de la tarde», cuenta Jareño.

Mientras tanto, el bote para el café solidario se va llenando poco a poco, destinado a los nuevo usuarios de los comedores sociales:«camareros, cocineros, gente del sector del comercio y turístico… Mucha gente necesita comer y no tiene», explica el empresario.