Aluvión de peticiones y llamadas por el coche de Denis

Álvaro, un chaval de 18 años que va a sacarse el carnet de conducir y al que sus padres no pueden costearle un coche por las dificultades económicas derivadas de la COVID-19, o Juan, voluntario en una organización que atiende a personas en dificultades con productos de primera necesidad son dos de los interesados en quedarse con el coche de Denis, el empresario alemán que dejó su vehículo en Palma ofreciéndoselo mediante una nota a aquel que lo quisiera.

Ponemos como ejemplo sus casos pero como ellos hay cientos. Quizás miles. A las nueve de la mañana, cuando Ultima Hora ya estaba en los kioskos de Mallorca y esta noticia trascendía fronteras desde la versión digital del periódico, el teléfono de este empresario con actividad en Cala Millor echaba humo. Literalmente.

«Mi teléfono suena constantemente», comentaba el propietario del Volkswagen desde Alemania quien, al ser preguntado sobre cómo estaba yendo el día admitía que probablemente subestimó el poder de la comunicación y las redes sociales en consonancia con la palabra ‘gratis’.

El número de llamadas y de mensajes de WhatsApp es difícil de contar. Ello, sumado a las dificultades idiomáticas –Denis entiende bastante bien el castellano aunque le cuesta hablarlo, lo mejor es comunicarse con él en alemán o inglés–, han propiciado que la situación generada se haya salido de madre.

Ph17112011-08.jpg
Imagen del vehículo, un Golf cabriolet del 99, en Palma. Foto: J. Morey.

Además de las llamadas y mensajes recibidos directamente en el terminal telefónico del propietario del vehículo, son innumerables los comentarios y peticiones de usuarios en redes sociales interesándose por ser ellos los elegidos en esta suerte de regalo de Navidad anticipado. Así, los perfiles de Ultima Hora en Instagram y Facebook han vivido una auténtica revolución durante toda la jornada.

Por el momento el propietario afirma que no tiene muy claro cómo elegir a la persona o personas agraciadas. Sin embargo se muestra agradecido y sorprendido por la avalancha de ofrecimientos, y espera que amaine un poco la fiebre que él mismo ha generado, casi sin querer, cuando dejó de forma inocente una nota en su coche.